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Bebé en el extranjero

February 28, 2019

 

 



En esta semana celebramos el segundo mes de nuestro bebé Fabián, y bueno muchas personas, amigos y conocidos,  me hacían la pregunta de porqué tener el bebé en este país y no en Costa Rica; además con algo de preocupación me preguntaban sobre la dificultad del idioma y de no tener ayuda acá para cuidar al pequeño.

Me había tomado bastante tiempo responder estas preguntas, incluso grabé un mismo audio que compartí con varias personas para no tener que explicar varias veces lo mismo, no por falta de ganas, sino por falta de tiempo.

Como muchos sabrán yo estoy bastante contenta con la vida que llevamos acá en Taiwán, es un país desarrollado donde todo es bastante fácil y práctico, acá nadie se complica para nada.  Desde que llegamos lo primero que se experimenta es el tema de las clínicas, que me enfermé yo o  que se enfermó mi hijo, que necesitamos un dentista, ahí comencé a ver que el sistema es sumamente sencillo y que la mayoría de los médicos hablan inglés, punto a favor.

El sistema nacional de salud de este país, también es simple, ir a un hospital público por ejemplo no es para nada una mala experiencia, rápido te atienden, rápido te dan medicinas. En medicina privada el asunto se pone mejor, acá la medicina privada es también subvencionada por el estado en cierto porcentaje, entonces se paga una pequeña cantidad presentando tu tarjeta de salud de Taiwán.

Gracias a la recomendación de una amiga, fui a una clínica privada de ginecología para mi revisión anual, conocí el lugar y a la doctora que hablaba muy bien inglés. La siguiente visita era ya con algunas semanas de embarazo.

Lo primero que pensamos cuando supimos que seríamos papás de nuevo fue en nuestro hijo mayor, Tomás, vimos la fecha probable del nacimiento y sabíamos que estaría en horario escolar, o en las vacaciones de Navidad (que acá son solo de 15 días, ya que se sigue el calendario americano en la escuela internacional en la que estudia) entonces fácilmente tomamos la decisión de que naciera acá para no afectar sus estudios.

 

 

Visita a visita, nuestra doctora nos fue dando mas confianza, luego nos llevaron a conocer las instalaciones de la clínica que resultó ser un hospital especializado en ginecología y obstetricia, con todas las facilidades del caso.

Les cuento también otro detalle, en cada control prenatal  te hacen todos los análisis necesarios, de orina,  sangre,  etc. Al menos mi experiencia anterior en Costa Rica era que tenía que ir a un laboratorio y luego llevar al consultorio del doctor los resultados para que el los viera.

 

Otro tema es el precio, con el seguro social de Taiwán el costo por cita prenatal era de 150 NTS (New Taiwan Dollars) equivalente a  unos 5 dólares o bien menos de 3 mil colones. Quedamos asombrados del costo de las consultas acá en comparación a lo que pagábamos en Costa Rica, y tomando en cuenta otros factores como la corta espera en la consulta privada.

La doctora nos comentó también que acá en Taiwan, la recuperación de una cesárea era de cinco días de hospitalización, no dos como en Costa Rica, lo que nos planteaba otro gran problema: ¿Quién nos cuidaba a Tomás cinco días completos? ¿El se quedará con algún amigo nuestro por cinco días? Su respuesta era un rotundo no, acá no tenemos familia y el claramente no quería estar lejos de sus papás. Fue entonces cuando en la clínica nos dieron la gran noticia de que toda la familia podía quedarse en la habitación del hospital, ahí se acabaron mis preocupaciones.

Fuimos a ver las habitaciones, y eran enormes y muy cómodas, como una habitación de hotel para que las familias pueden estar completas si así lo desean. Ya todo listo,  ahí comenzó nuestra aventura.

Aunque mi bebé tenía término para las primeras semanas de enero, analizando el tema de las vacaciones de mi hijo mayor y el trabajo de piloto de mi esposo, nos inclinamos  por agendar la cesárea para el día 27 de diciembre, así podríamos optimizar los días libres en función del cuido del bebé y mi recuperación.

A las 7 de la mañana  del 27 de diciembre  llegamos a la clínica con maletas para cinco días, me realizaron los exámenes previos y a las 10 am ya estaba en el quirófano. Al principio tuve algo de miedo porque no entendía mucho de lo que decían y porque sentí el efecto de la anestesia muy distinto a mi primera cirugía, cuando entró mi esposo a acompañarme todo volvió a la normalidad y bien despierta escuché la llegada de mi bebé. Todo pasó muy rápido.

Mientras tanto nuestra amiga costarricense, Marylin, nos hizo el enorme favor de cuidar a Tomás por unas horas, un gesto que siempre le agradeceré.

Al medio día ya estaba con mi esposo en la habitación, y me llevaron a mi bebé poco después llegó Tomás a conocer a su hermanito.

Que les puedo decir de cinco días de hospital, eternos, la verdad, por mas bonito que sea siempre quiere uno estar en casa. Pero fue increíble el nivel de atención y cuidados que recibí acá. La Doctora pasaba cada día a verme y conversar conmigo y las enfermeras aunque muchas no hablaban inglés me atendieron de una manera maravillosa. Con esto entiendo un poco mas esa profesión, sin duda es vocación, el idioma no es una barrera para cuidar y “chinear” a un paciente.

Otro detalle es que los bebés no se quedan con la mamá durante esos días, los cuidan en el cuarto de bebés para que una pueda  enfocarse en la recuperación. Eso si las veces que la mami quiera llevarlo al cuarto lo puede hacer. para amamantar o darles su “chuponcito” (biberón). El cuidado ahí es de primera también,  cada bebé en su cuna perfectamente arropado. Le brindan también a los papás todo tipo de guía para el cuidado del recién nacido.

En general la experiencia de tener a mi bebé acá no la cambio por nada, fue maravillosa y mas aun regresando a casa para luego enfrentar la dinámica del día a día sin ayuda de abuelas, tíos, tías, amigas, niñeras.

Afortunadamente mi esposo se quedó un mes en casa, pero posteriormente me tocó estar sola con un bebé pequeño y con la responsabilidad de atender a mi hijo mayor, el mayor reto era llevarlo ida y vuelta todos los días a la escuela, son 40 minutos de ida y vuelta, dos veces por día.

 

Bueno, yo creo los niños, y las personas en general a todo nos acostumbramos,si hay buena disposición y un ambiente positivo frente al cambio, y por eso ahora esa  dinámica ya nos sale de maravilla. Incluso ya me pude poner al corriente de todas mis actividades de manera normal, integrando también a Tomás en el cuido de su hermano, una táctica que ha funcionado de manera muy efectiva, así nos sentimos mas fuertes como familia, ayudándonos mutuamente en todo.

 

 


Si bien es cierto ejercer la maternidad lejos de tu casa, tu país y tu familia es un reto enorme, para mi ha sido una experiencia de mucho valor, con la bendición de cuidar a mi bebé “full time”, cosa que no pude hacer los primeros meses con mi hijo mayor.

Ahora estamos en el proceso de obtener la nacionalidad costarricense para Fabián, acá en Taiwán no se le da nacionalidad a los niños de extranjeros, solo obtienen  cédula de residencia. Esperamos con ansias su pasaporte para viajar muy pronto y que conozca su país, Costa Rica.


 

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