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Ho Chi Minh, Vietnam bajo la mirada de una costarricense

March 12, 2019

 

 

Marylin Blanco es una costarricense que vive en Taipei, Taiwán junto a su esposo Richard, ambos trabajan y estudian acá y como parte de su experiencia de vivir en este lado del mundo aprovechan para conocer las bellezas de este país y de otros de Asia.

 

Recientemente visitaron Ho Chi Minh en Vietnam, y accedió a compartir su experiencia en una ciudad famosa por su historia, riqueza cultural y deliciosa comida.

 

 

 

 

 

 

Desde que iba bajando al aeropuerto internacional de Tan So Nhat para llegar a la ciudad de Ho Chi Minh en Vietnam, pude notar lo parecido a casa, hasta vacilé con mi esposo “mirá, ¡es como ver La Candelaria!”
Después de tramitar una tediosa visa y una larga fila de migración, en total unas cinco horas, pudimos abordar un taxi a nuestro hotel. Ansiosos y hambrientos por conocer y comer, al llegar al hotel solo dejamos las maletas para salir a buscar el almuerzo, que para nuestra suerte fue un KFC… En Vietnam, como en gran parte de Asia, se celebra el año nuevo lunar, o Tết como le llaman ellos, por ende gran cantidad de comercios estaban cerrados el día que llegamos, y terminamos almorzando pollo frito.


Llegar en medio de la celebración nos deparó una ciudad hermosamente decorada, flores de caléndula amarillas y naranjas, árboles de albaricoque amarillo en todo su esplendor, y el árbol de kumquat, símbolos de prosperidad y bienestar, estaban en todas las aceras y entradas de las casas, junto al cerdito y a la bandera de Vietnam y la comunista, con la famosa hoz y martillo.


Aventurarse en esta ciudad es poder ver al pasado, la influencia francesa se refleja en los edificios más bonitos y conservados como la Catedral de Notre Dam, el edificio de correos y la casa de la ópera. Ir al mercado tradicional Ben Thanh por artesanías es escuchar el “madame” francés por todo lado, aunque las cosas que venden son réplicas de marcas famosas muy probablemente hechas en China.


Otro pasado muy marcado es el de la guerra, el museo dedicado a los restos de la misma toca las fibras más sensibles de cualquiera. Es, en su mayoría, una colección de fotografías y testimonios, de los soldados de las tres partes, así como de los civiles y sus familias que vivieron y posteriormente heredaron las tragedias de la misma. El Palacio de la Reunificación es un hermoso edificio colonial, en cuyos salones se llevó a cabo todas las reuniones posteriores al fin de la guerra para la unificación de las dos partes.

 

 
Caminar por la ciudad fue agradable, se puede encontrar desde las tiendas más sencillas a las más lujosas en el cambio de una cuadra, y por supuesto de calle en calle no hace falta una foto gigante del tío Ho, admirado y considerado padre de la nación.

 

 

La comida es una mezcla sutil de varios ingredientes, que por sí solos no llamarían la atención, pero juntos son

 perfectos. El banh mi es su versión de sándwich, un pan baguette relleno de lo que quieras, principalmente cerdo y todas sus variaciones. El “broken rice” como le llaman ellos es un delicioso arroz arreglado, que al igual que los fideos kien xay, llevan muchas verduras y la opción de pollo, res, cerdo o mariscos. Y por supuesto que comimos varios tipos de pho, todos iguales o mejores que el anterior, curiosamente ellos lo sirven para el desayuno. El café por otro lado, lo sirven negro casi tinto y te ponen la leche condensada a la par para que lo endulces, nunca lo había tomado así, pero es de los mejores cafés que he probado.

 

 

Nuestros últimos días los pasamos en la playa de Vung Tau, un pueblo costero a dos horas del puerto de Saigón en bote. Colorido y súper ventoso, nos refrescó los 32 grados, en promedio, que estábamos sintiendo en la ciudad. Lo más increíble de este lugar es su mercado nocturno, una calle de unos tres kilómetros llenos de caracoles, cangrejos, pulpos, calamares, camarones, langostinos y diferentes tipos de pescado, todos para asar o cocinar al estilo hot pot. Cada uno de los puestos tenía sus mesas y sillas, con una buena selección de cerveza local y las respectivas salsas para nuestros mariscos asados. Comimos de todo un poco hasta saciarnos, y pagamos 255000 dongs, unos $11usd.

 


Las últimas horas en Ho Chi Minh las pasamos en el distrito financiero, alrededor de la torre Bitexco. La iluminación de esta área es colorida y vibrante, aprovechamos la cena para probar un par de platillos que nos hacían falta, como el banh khot, unas canastitas de plátano con camarón.


Con los buenos y malos detalles que pude apreciar, Ho Chi Minh me hizo sentir muy cómoda, casi como en casa. Con las precauciones necesarias que cualquier viajero debe tener, y en este caso específico, el tráfico tan loco y desordenado, la ciudad se presta para explorar y conocer sin importar gustos y bolsillos.

 

 

Marylin Blanco

Nacionalidad: Costarricense

Residencia: Taipei, Taiwán

Estudiante

Podes encontrar su Instragram AQUI

 

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